La doula puede
poner
al servicio de la embarazada todos aquellos saberes y prácticas
que haya ido adquiriendo a lo largo de su vida, y que sean tendientes
al bienestar de la mujer, como ser: masajes, posturas, ejercicios
corporales y/o respiratorios, trabajo con aromaterapia, reiki, reflexología,
dígitopuntura, visualizaciones, ambientación con música,
uso del rebozo, canto, danza, etc., con la única premisa de
que cualquier actividad que se realice sea evaluada conjuntamente
con la mujer y suspendida si no es de su agrado.
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La doula debe
- Tener paciencia y respetar
el tiempo de cada parto.
- Conocer y entender
la fisiología del parto.
- Entender la importancia
del apoyo y acompañamiento emocional de la embarazada
por sobre todos los saberes y destrezas adquiridas.
- Recordar en todo
momento, que el parto es de “esa” mujer, y trabajar para
que ella viva la mejor experiencia que le sea posible.
- Estar siempre
atenta a las necesidades de la mujer.
- Intentar proveerle
el máximo bienestar posible, sin perturbarla en su trabajo de
parto, entendiendo el parto como un momento muy íntimo.
- Estar atenta
al acompañante de la parturienta, evaluando qué pudiera
hacerle falta para que pueda acompañarla mejor.
- Privilegiar
la atención a la parturienta por sobre la atención a cualquier
otra persona. No dejar a la mujer sola, salvo que ella lo desee y lo
necesite.
- Respetar la decisión
de la mujer y su pareja en cualquier caso, aunque esa decisión
sea dejar a la doula fuera del parto.
- Fomentar el vínculo
madre-bebé y la lactancia materna.
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La doula no debe
- imponer a la
embarazada su propia ideología acerca de cómo debe ser
su parto.
- realizar
ninguna maniobra propia del quehacer del equipo asistencial (partera u obstetra) como ser tactar a la parturienta, colocarle un
suero, suministrar ningún medicamento u hormona sintética,
etc. aunque se trate de una mujer que está profesionalmente
capacitada para hacerlo. La mujer que funciona como doula
no se involucra en cuestiones obstétricas.
- en el caso
en que surja un desacuerdo muy grande y conflictivo con las conductas
del equipo obstétrico, la doula no debe jamás entrar
en una disputa con el mismo frente a la parturienta. Tampoco debe
hacer comentarios al respecto que pudieran angustiar o poner en alerta
a la mujer en esa circunstancia. La doula deberá encontrar
la manera de ayudarla en todo momento, aunque sea en una situación
muy adversa.
- imponer a la
embarazada prácticas, conductas o posiciones que no le resulten
benefíciosas o agradables en ese momento particular. La doula
no debe perder jamás el foco en que esa mujer es única
y debe ser respetada todo el tiempo. La doula no debe, con ninguna
clase de sugerencia o práctica, perturbar el trabajo de parto.
- reprimir o
corregir cualquier manifestación o expresión espontánea
de la mujer en cualquier momento del parto.
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Es esperable que la doula
- conozca previamente
a la parturienta. En esos encuentros se intenta establecer un vínculo
con la mujer que va a parir, que será construído sobre
una base de total honestidad y respeto mutuo. Así detectará
sus preferencias, sus inquietudes, su personalidad, y todo aquello
que pudiera ser valioso para la mujer en el momento del parto.
- aliente a la
embarazada a realizar todas las preguntas a su médico y/o partera
acerca del parto. La doula puede orientar a la embarazada para que
pueda obtener la máxima información real posible acerca
del estilo de su médico en el parto.
- aclare a la
mujer cuáles son sus funciones y cuáles son sus límites.
- aliente a la
parturienta a escucharse, a conocerse, y a pedir lo que necesita en
todo momento.
- mantenga la conducta
interna de auto-observarse, para discriminar cuándo su propia
impaciencia o angustia pueda interferir en su trabajo.
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